El segmento continuó profundizando en el rol del intercesor, destacando que la oración de una persona justa es muy poderosa y que Dios la escucha. Se reiteró que una sola persona temerosa de Dios puede marcar una gran diferencia, cambiando realidades en la familia, la nación y el ministerio.
Se mencionó la importancia de la intercesión de líderes espirituales y padres, y se animó a no sentirse solos si se sabe que hay personas orando por uno. Ejemplos bíblicos incluyeron la intercesión de Moisés para detener las serpientes que mordían a la gente y para apagar un fuego devorador, y la de Abraham por su sobrino Lot y por el rey de Amalek.
Se subrayó que Jesucristo y el Espíritu Santo interceden por los creyentes, y que los creyentes también deben interceder por otros para que conozcan a Jesucristo. Se exhortó a los creyentes a no descuidar el privilegio de interceder por otras personas, citando a Abraham, Samuel y Jesús intercediendo por Pedro.