El caso de Agostina, adolescente asesinada, se analiza bajo la lupa de la perspectiva de género y las fallas institucionales en su investigación.
Se critica duramente el discurso oficial, encabezado por la ministra Monteoliva, que intenta bajar el perfil al caso y minimizar las estadísticas de femicidios, desligándose de responsabilidades.
La falta de aplicación de la perspectiva de género por parte de jueces, policías y gobiernos es señalada como un factor clave que dejó a Agostina "sola" frente a un agresor.
Se presentan datos alarmantes sobre femicidios y tentativas en Argentina, y se exige un trabajo articulado y el cumplimiento de la legislación vigente para prevenir la violencia de género.