Se debate la naturaleza del asesinato de Agostina, con posturas divididas entre homicidio y femicidio, y se critica la pasividad de la justicia y la falta de presupuesto para programas de prevención.
Se mencionan otros casos de femicidio en el país, como el de Dulce María Candia en Misiones y Chiara Pérez, evidenciando la persistencia de la violencia de género.
Se cuestiona la actitud de algunos funcionarios y medios que minimizan la gravedad de los crímenes o culpan a las víctimas, y se reclama una mayor implicación de los hombres en la lucha contra la violencia de género.
Se reitera la necesidad de abordar la violencia estructural y la falta de capacitación en las fuerzas de seguridad y justicia, así como la importancia de la comunicación no sexista en los medios.