Se reflexiona sobre la dificultad de pedirle a la gente que salga a la calle por causas ajenas en el contexto actual, a diferencia de lo que ocurría con las universidades o los jubilados. Se sugiere que el individualismo promovido por el gobierno dificulta la solidaridad y la acción colectiva.
Se plantea que la lucha por el otro también es una lucha por uno mismo, por la familia y por la sociedad que se desea. Se enfatiza que no se trata solo de defender a "los otros", sino de construir un futuro mejor para todos.