Se expresa indignación y se califica de "tortura" trabajar diariamente con el fiscal Garzón, a quien se describe como un funcionario judicial de última categoría.
Se cuestiona la falta de autocrítica del fiscal y se le compara con un personaje de novela por su actitud prepotente y su manejo de la investigación del caso Agostina.
Se enfatiza que la justicia argentina se encuentra en los últimos puestos del ranking debido a la actuación de este tipo de funcionarios, que no están a la altura de las circunstancias.