Se critica el allanamiento realizado en la casa de Barrelier, describiéndolo como una simple "inspección ocular" que no incluyó la recolección de pruebas o rastros relevantes.
Se señala que la escena del crimen no fue preservada adecuadamente y que, para el viernes, las huellas digitales encontradas en la puerta pertenecían en su mayoría a periodistas que habían accedido al lugar.
Se destaca que, a pesar de los antecedentes de Barrelier y la información disponible sobre su posible vinculación con el caso, las acciones judiciales se demoraron hasta mitad de semana.