Triana relata su difícil vida marcada por un abuso sexual en la infancia, que derivó en inseguridad, bulimia, anorexia y automutilaciones. A pesar de los intentos de suicidio y la pérdida de un embarazo, encontró ayuda y transformación a través de la fe.
Tras superar graves problemas de salud mental y física, incluyendo lupus, y una profunda depresión que la dejó postrada, Triana afirma haber sido curada y restaurada en su matrimonio y familia, atribuyendo su cambio a la intervención divina.