La minería ilegal de oro en la Amazonía está generando graves consecuencias ambientales y sociales. La deforestación avanza a un ritmo acelerado y el uso indiscriminado de mercurio contamina ríos, afectando a comunidades enteras.
Además, redes de explotación laboral, trata de personas y violencia acompañan la expansión de estas economías clandestinas, convirtiendo al oro en una moneda del crimen global.