Ante el avance de la IA, un participante de 36 años se sintió "viejo y oxidado" al ver a colegas más jóvenes manejar herramientas tecnológicas que él desconocía. Esta sensación de quedarse atrás se convirtió en un motor para buscar oportunidades y no quedarse rezagado.
El proceso implicó salir de su zona de confort y embarrarse en el aprendizaje continuo, reconociendo que la tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso y que es fundamental adaptarse para no perderse las innovaciones.