Se enfatiza la importancia de fomentar en los niños habilidades de detección temprana de riesgos y de posicionarse como adultos de confianza, asegurándoles que no serán culpabilizados ni castigados si piden ayuda.
Se recomienda establecer un pacto entre padres e hijos donde primen la protección y la comunicación abierta, manifestando este apoyo en conversaciones cotidianas. Se advierte que la tecnología no reemplaza la necesidad de supervisión y diálogo adulto en la crianza.