Se analiza el caso de Eduardo, participante de Gran Hermano, quien conoció a su hija de 21 años a través de la pantalla. Se critica la naturalización del abandono paterno en Argentina, donde padres se desentienden económica y afectivamente.
Se cuestiona la actitud de Eduardo, quien en la entrevista no mostró emoción y se justificó diciendo que intentó vía judicial sin éxito y "dio vuelta a la página". Se evidencia que tuvo la oportunidad de hablar en Gran Hermano sobre su situación pero no lo hizo, argumentando que no quería exponer a su hija.
La panelista sospecha que Eduardo nunca imaginó que su ex pareja y su hija hablarían. Se menciona que la hija habló con Matías Bañato, amigo de Romina (la ex pareja), y que la entrevista expone la falta de responsabilidad paterna.