El caso de Agostina ha generado un profundo miedo en la sociedad, especialmente entre padres y madres de adolescentes. La brutalidad del crimen y la posibilidad de que existan más víctimas siembran la incertidumbre sobre la seguridad de los jóvenes.
Se plantea la necesidad de un cambio radical en la sociedad para evitar que estos hechos se repitan. La preocupación por a quién contactan los hijos y con quién hablan en línea se vuelve primordial, ante el temor de que puedan ser víctimas de situaciones de abuso o violencia.