El parlamento de Brasil aprobó la reducción de la jornada laboral semanal de 44 a 40 horas, un cambio significativo respecto a la norma establecida en la Constitución de 1988.
La medida, que se implementará gradualmente en 60 días, establece un nuevo techo legal de 40 horas semanales para los contratos del sector privado. El presidente Lula Ignacio da Silva calificó la reforma como un logro histórico.