La situación en Bolivia es crítica debido a los continuos cortes de ruta y manifestaciones opositoras al gobierno de Rodrigo Paz. Se confirmó una muerte en los enfrentamientos, y la tensión social es palpable. Los bloqueos, que ya llevan cuatro semanas, generan desabastecimiento en La Paz y sobreoferta en Santa Cruz, afectando la economía y la vida cotidiana de los ciudadanos.
Ante la escalada del conflicto, un grupo de civiles autodenominados "cívicos" amenazó con desalojar los bloqueos por su cuenta si el gobierno no intervenía. Sin embargo, la Iglesia gestionó un canal de diálogo y los cívicos suspendieron su acción, dando espacio a negociaciones.
El presidente de Brasil, Lula da Silva, expresó su respaldo al Estado de Derecho en Bolivia y anunció el envío de ayuda humanitaria. Este gesto se interpreta como un posible distanciamiento de Lula hacia Evo Morales, marcando un quiebre en el progresismo latinoamericano y un acercamiento al bloque de centro-derecha que incluye a Paz y a Milei.
La paciencia de la ciudadanía se agota ante los bloqueos, y el gobierno de Paz enfrenta presiones para resolver la crisis. Paralelamente, se debate una reforma de la ley del Estado para otorgar más facultades presidenciales, mientras se observa una fuerte custodia militar en la residencia presidencial.