La homilía de Mons. García Cuerva fue calificada como un mensaje claro y contundente, a pesar de que algunos la percibieron como mesurada en su tono. Se interpretó que la dirigencia política "no escucha, vive de privilegios, está completamente ajena a las necesidades de la gente", lo cual es antagónico al rol de un político.
Se hizo hincapié en la metáfora de los escribas criticando desde la comodidad de sus casas o frente a una computadora, haciendo "terrorismo de las redes". Se señaló que la dirigencia política no solo no escucha, sino que vive de privilegios y está ajena a las necesidades populares.
El mensaje también aludió al derroche y despilfarro, y a la pérdida de empatía, generando debate sobre la interpretación de la moderación en el discurso del arzobispo y su posible conexión con el periodismo y el discurso de odio.