Rusia utilizó por tercera vez el misil hipersónico Oreshnik contra Ucrania, provocando que el gobierno ucraniano solicitara una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU. La capital, Kiev, fue el principal blanco de los ataques rusos, que incluyeron más de 600 drones y 90 misiles.
Moscú confirmó el uso del misil como represalia a ataques ucranianos contra infraestructuras civiles en territorio ruso. El presidente Zelensky inspeccionó los daños, denunciando que los ataques se dirigían contra objetivos sin relevancia militar, como museos y viviendas.
A pesar de los destrozos, algunos negocios como una cafetería en Kiev abrieron sus puertas al día siguiente, recibiendo apoyo de clientes.