Rusia y Bielorrusia realizaron el mayor ejercicio nuclear conjunto de los últimos años, desplegando misiles balísticos intercontinentales, hipersónicos y tácticos. Participaron 64.000 efectivos, miles de equipos militares, aeronaves, buques y submarinos nucleares.
El presidente ruso Vladimir Putin declaró que la "triada nuclear" es una garantía de soberanía para el Estado Unido de Rusia y Bielorrusia, asegurando la disuasión estratégica y el balance de poder global. Por primera vez, el ejercicio incluyó el despliegue conjunto de armas nucleares en territorio bielorruso, integrando a Bielorrusia en la cadena de mando nuclear rusa.
El Kremlin calificó los ejercicios como una "señal" en un momento de máxima tensión con la OTAN por la guerra en Ucrania. Ucrania describió la maniobra como un "desafío sin precedentes" y exigió una condena internacional. Bielorrusia rechazó las críticas, afirmando que los ejercicios no estaban dirigidos contra terceros países.
Rusia demostró a la OTAN que su arsenal está operativo y listo. Con la incorporación de Bielorrusia como territorio de despliegue nuclear, se amplía la frontera del riesgo atómico hacia Europa. La pregunta es cuánto tiempo el mundo podrá seguir interpretando estas señales sin que escalen a un conflicto real.