Pablo Gómez propone que la sociedad se organice y se arme ante la creciente delincuencia, sugiriendo la portación de armas y la habilitación de cursos de tiro para garantizar idoneidad.
Argumenta que la vida de los ciudadanos depende de estos delincuentes armados y organizados, y que es necesario revertir esta posición. Propone tomar medidas políticas y económicas, además de la prevención, para sacar las armas de los delincuentes y meterlos presos, asegurando que cumplan sus penas.