Se describe la situación de los israelitas acorralados por el ejército del faraón, con el mar Rojo delante y las montañas a los costados, en una situación aparentemente insalvable. Ante esto, clamaron al Señor, quien les prometió que lucharía por ellos sin que tuvieran que hacer nada.
Dios intervino, liberando a Egipto y ganando la batalla sin que los israelitas tuvieran que luchar. El pastor declara que Dios peleará las batallas de los oyentes, asegurando que no habrá pérdida en sus familias, economía o ministerio. Se enfatiza la grandeza de Dios y su poder para luchar por su pueblo.