El arzobispo de Buenos Aires, García Cuerva, ofreció una homilía en el Tedeum basada en la figura del paralítico que Jesús sana, interpretándola como un llamado a la Argentina a "levantarse" y tener fuerza.
Cuerva también convocó al diálogo, criticando la ausencia del mismo en la dirigencia política y social del país.
Se hizo un llamado a refundar el vínculo social y político, invitando a todos los argentinos a sentarse a la "mesa familiar" del país.