El mensaje final de la homilía evoca el llamado a "Argentina, levántate", comparándolo con un signo de resurrección y un llamado a revitalizar el tejido social.
Se advierte contra la "invalidez de la desesperanza", la intolerancia y la tristeza crónica, invitando a la sociedad a ponerse de pie y caminar juntos.
Se recurre a la figura de Fray Mamerto Esquiú y a la historia de la nación para recordar la dignidad, la capacidad de trabajo y la resiliencia del pueblo argentino.
Se hace un llamado a la empatía, la generosidad y la solidaridad, rechazando el "sálvese quien pueda" y el individualismo cruel que rompe los vínculos de fraternidad.