El repliegue de combatientes rusos de Kidal, Mali, tras un acuerdo con fuerzas rebeldes, representa un duro revés para la junta militar maliense. Esta ofensiva se suma a ataques coordinados en varias ciudades, incluyendo la capital Bamako, donde murió el ministro de defensa, Sadio Camara.
Los principales actores detrás de estos ataques son el grupo yihadista Yenim (vinculado a Al-Qaeda) y el Frente de Liberación de Azawad (FLA), conformado por pueblos tuaregs que exigen autonomía o independencia para sus territorios históricos. La alianza entre estos grupos es significativa.
El conflicto en Mali tiene raíces profundas, exacerbadas desde 2012 tras la caída del régimen de Muammar al-Gaddafi en Libia, que facilitó el retorno de combatientes tuaregs. Mali ha sufrido golpes de estado en 2020 y 2021, y la comunidad internacional ha intentado sin éxito estabilizar la situación. La región del Sahel es una de las más inestables del mundo, con golpes militares recurrentes y actividad yihadista, convirtiéndose en un "cinturón de golpes de estado".
El papel de Occidente en Mali y países vecinos es cuestionado, en un contexto de lucha por recursos, narcotráfico y tensiones geopolíticas globales. La presencia de Rusia y la huella colonial de Francia son factores clave en la convulsa realidad de la región.