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Mali: rebeldes avanzan, rusos se retiran y la influencia de Moscú crece en el Sahel

Tensión: gritos (65°) Sesgo: neutral (+5) Eje político: Centro

Grupos armados rebeldes en Mali han intensificado la violencia, matando al ministro de defensa Sanyo Kamara y forzando el repliegue de mercenarios rusos. Esta ofensiva de finales de abril ha reavivado la preocupación internacional por el aumento del extremismo islámico en el Sahel, una región compleja donde se mezclan conflictos históricos, luchas por recursos naturales, tráfico mundial y tensiones geopolíticas por la presencia de Rusia y la huella colonial de Francia.

La caída de Kidal, ciudad estratégica en el norte de Mali, representa un revés para la junta militar y para los mercenarios rusos que habían ayudado a recuperarla en 2023. Los insurgentes, principalmente el grupo yihadista Yenín (vinculado a Al Qaeda) y el Frente de Liberación de Azawad (FLA), compuesto por tuaregs, atacaron varias ciudades, incluyendo la capital Bamako. El conflicto se remonta a 2012, tras la caída de Gaddafi en Libia, lo que permitió el retorno de tuaregs armados a Mali, exacerbando la inestabilidad y los golpes militares posteriores.

La región del Sahel es calificada como el "epicentro del terrorismo global" y sufre una "erosión de soberanía" por parte de actores no estatales que compiten con los gobiernos por el control territorial y recursos. La presencia de carteles de la droga latinoamericanos y redes de criminalidad internacional ha intensificado la violencia política. En este contexto, la Alianza de Estados del Sahel (AES), bloque que agrupa a Mali, Níger y Burkina Faso, ha mostrado un claro rechazo a Occidente, especialmente a Francia, y un acercamiento a Rusia.

Rusia ha asentado su presencia en África a través del grupo Wagner (ahora absorbido por el Ministerio de Defensa ruso y rebautizado como Azucar), con miles de mercenarios desplegados en Mali, Níger y Burkina Faso. Para el Kremlin, esto representa acceso a recursos y una oportunidad para ganar influencia global, mientras que para las juntas militares africanas supone afianzar su poder con un discurso anticolonialista y de soberanía nacional. La retirada de la misión de paz de la ONU (MINUSMA) en 2023, exigida por la junta maliense, evidencia el fracaso de los intentos internacionales por estabilizar la región y la complejidad de las dinámicas locales, que van más allá del simple enfoque en el yihadismo.