La tecnología, lejos de deshumanizar, tiene el potencial de hacernos mejores humanos, más creativos y originales, al tiempo que nos ayuda a clarificar aquello que nos diferencia.
Las verdaderas diferencias radican en la sensibilidad, la intuición, el liderazgo y la capacidad de entender al otro, aspectos que la tecnología puede potenciar pero no reemplazar.
Se enfatiza la importancia de ser cada vez más humanos y de utilizar la tecnología como una herramienta para fortalecer estas cualidades intrínsecas.