Leandro Brunser comparte su experiencia de profunda tristeza, vacío interior y depresión, que lo llevaba a sentirse observado y a aislarse socialmente. A pesar de aparentar estar bien, sus pensamientos desordenados lo atormentaban, afectando su trabajo y sus relaciones.
Tras intentos fallidos de encontrar ayuda en otras iglesias, Leandro encontró consuelo y transformación en la Iglesia Universal. Allí, la fe en Dios llenó su vacío, le devolvió las ganas de vivir y le permitió ayudar a otros, encontrando también el amor y formando una familia.