Una mujer comparte su experiencia con una intensa comezón en el vientre que la afligió durante un mes, sin dejar marcas visibles.
Tras recibir un jabón bendecido por su madre, lo usó mientras oraba pidiendo sanación en el nombre de Jesús.
Al día siguiente, la comezón había desaparecido por completo, quedando solo cicatrices como evidencia, lo que atribuye a la intervención divina y al poder de la oración.