Se aborda la creencia en maldiciones hereditarias, afirmando que la Biblia no respalda este concepto, sino que enseña que Cristo nos salvó de la maldición de la ley.
Se advierte que los demonios son mentirosos y que atribuir problemas a maldiciones puede ser una distracción de la verdad bíblica sobre la liberación a través de Jesús.
Se enfatiza que la verdadera libertad proviene de Jesús y que la persistencia de problemas puede deberse a no haber sido liberado del pecado o a la práctica de brujería, ante lo cual se ofrece expulsión de tales males.