Horacio Cortés reflexiona sobre la evolución de la noche y el trabajo en el Teatro Maipo, comparando la atmósfera de antes con la actual, que describe como más "plástica" y menos "palpable".
Señala que, a pesar de los cambios, el teatro sigue siendo un reflejo de la sociedad y que la nueva gestión, con Carla Calabresi y Enrique Piñeiro, busca mantener la calidad de la experiencia del espectador.
Comparte su experiencia con Antonio Gazalla, a quien describe como una persona con un humor complicado, pero a quien aprendió a manejar con diplomacia.