La crisis en Bolivia se agudiza con largas filas para adquirir productos básicos y un aumento descontrolado de precios, especialmente en alimentos como el pollo, que alcanza los 12-13 dólares el kilo y se vende limitado a un kilo por persona.
Los ciudadanos deben esperar horas para comprar, siendo marcados para evitar reincidencias. La escasez y el alto costo de vida, exacerbados por los bloqueos, afectan a la población, con productos como el huevo duplicando su precio.
Los supermercados estatales, como MAPA, operan con limitaciones y algunos locales permanecen cerrados. La situación genera incertidumbre y dificulta el acceso a la canasta básica para muchas familias bolivianas.