Bolivia atraviesa una profunda crisis marcada por el desabastecimiento de combustible y alimentos, así como por protestas generalizadas contra el gobierno de Paz.
Se reportan largas colas para cargar nafta, escasez de productos básicos como pollo y verduras, y precios exorbitantes. La nafta adulterada ha causado daños a miles de vehículos, y el gobierno ha tenido que intervenir y destituir a un ministro.
Las protestas, que incluyen bloqueos de rutas, exigen la renuncia del presidente Paz. A pesar de los intentos de diálogo del gobierno, las manifestaciones persisten, evidenciando un descontento social generalizado.