La crisis en Bolivia se agudiza con manifestaciones que paralizan el país. En La Paz, la situación es tensa, con calles cortadas y un fuerte despliegue policial para controlar las protestas. El teleférico, principal medio de transporte de la ciudad, opera con normalidad, conectando El Alto con la zona de La Paz.
Los manifestantes expresan su preocupación por el desabastecimiento de productos básicos y el temor a saqueos. Algunos negocios han cerrado anticipadamente por precaución. La gente se siente impotente ante la situación y la dificultad para realizar sus actividades diarias, como ir a trabajar o visitar a familiares.
Existen distintas posturas dentro de la población: mientras algunos apoyan el gobierno actual y piden cambios graduales, otros exigen la renuncia inmediata del presidente. La polarización política y social se refleja en las calles y en las demandas de los diferentes sectores.