Se enfatiza la necesidad de confesar los pecados a Dios para obtener el perdón, citando la Primera Epístola de Juan. Si el pecado ha afectado a otras personas, también es necesario confesar ante ellas.
Dios perdona de todo pecado, siempre que haya arrepentimiento. Los pecados confesados y arrepentidos son olvidados por Dios.
Se menciona que Juan el Bautista bautizaba a quienes confesaban sus pecados, destacando la importancia de este acto.