La comida chilena tradicional, a menudo relegada a lo exótico o lo raro, está siendo reivindicada por cocineras como Sunilda, quien con su restaurante de más de 20 años ofrece platos como cazuelas, guisos de porotos y mote de maíz.
Sunilda, quien se identifica como cocinera y no chef, destaca la importancia de la identidad gastronómica ligada a las semillas y los productos de la tierra. Critica la comida ultraprocesada y la falta de conciencia sobre el origen de los alimentos, atribuyendo esta tendencia a la vida acelerada y el uso de la tecnología.
Su hija colabora en el negocio familiar, compartiendo la pasión por la cocina y la transmisión de conocimientos. Ambas enfatizan el amor y el cariño en la preparación de los alimentos, elementos que consideran clave para la experiencia en su restaurante, que buscan sea como "llegar a tu casa".
La iniciativa de Sunilda no solo promueve la comida chilena, sino también un estilo de vida saludable y el cultivo orgánico, inspirando a otros a producir sus propios alimentos. A pesar de la preferencia popular por la comida rápida o extranjera, su restaurante se mantiene fiel a la cocina casera y saludable, demostrando que hay un público que valora la autenticidad y el sabor de Chile.