El debate sobre el consumo y los precios de la indumentaria continúa. Se menciona la llegada de ropa importada de Europa, desechada por su bajo uso y enviada a vertederos en Chile, como una opción más barata. Si bien el precio de la ropa ha bajado, el problema reside en el bajo consumo generalizado, ya que la gente no acude a los shoppings por los altos costos, sino a lugares alternativos donde se puede comprar ropa más económica.
El consumo de indumentaria se ha convertido en el segundo y tercer rubro de resignación, después del ocio. Esto afecta directamente a los productores textiles como Marco, quien señala que la gente no puede resignar calidad de vida y verse obligada a usar "ropa usada basura". La necesidad de la gente se ha vuelto tan amplia que trasciende las protestas sectoriales.
Se discute la necesidad de un ordenamiento coherente y pactado en la economía, con cláusulas gatillo y control de precios. Se critica la importación indiscriminada de productos, especialmente aquellos que pueden ser perjudiciales para la salud, como la ropa con formaldehídos o azoicos. La discusión se centra en la calidad de vida y la necesidad de que el Estado intervenga para proteger al consumidor y al productor nacional.