Tras la prédica, se celebró la palabra recibida y se animó a la congregación a dar gloria a Dios.
Se enfatizó la importancia de entregar "el Isaac" (lo más preciado) a Dios cuando sea pedido, de manera inmediata, para evitar que nada se interponga en la relación con el Señor.
Se aseguró que, al igual que Abraham, aquellos que obedezcan y entreguen sus ofrendas a Dios serán bendecidos, tal como Dios juró hacerlo por la obediencia de Abraham.