Se revela que una de las clínicas clandestinas en La Matanza pertenecería a un familiar de un hombre condenado por homicidio, quien habría recuperado la libertad recientemente.
Se mencionan testimonios de familiares de pacientes que sufrieron tratamientos inadecuados y empeoramiento de sus condiciones de salud.
Se critica la forma en que se ofrecían los servicios médicos, comparándola con la oferta de productos en una carnicería o verdulería.