Se narra la historia de un casamiento improvisado en la Universidad de Yale, motivado por la necesidad de obtener un seguro médico y permitir que uno de los contrayentes pudiera estudiar en la institución.
La pareja, Martín y la narradora, decidieron casarse de forma espontánea, sin anillos ni testigos, en el hall de la municipalidad. La decisión se tomó para facilitar los trámites y acceder a beneficios que de otra manera no hubieran sido posibles.
A pesar de la falta de romanticismo inicial, la narradora considera que fue un acto romántico, ya que se tomaron la decisión de estar juntos de forma rápida y decidida, lo que permitió a ambos alcanzar sus metas académicas y de salud.