Se relata el caso de una persona que, desconfiada del diagnóstico de arritmia y medicación recetada por un médico, decidió buscar una segunda opinión. En otro consultorio, le informaron que su madre tenía problemas cardíacos y no debía tomar pastillas. Al presentar la receta original, le indicaron que no las tomara más.
La persona se comunicó con el coordinador, mostró los certificados y notificó a sus abogados. Se envió una carta de documentos para dejar constancia de que nunca había trabajado allí y que la firma y especialidad no correspondían.