Docentes de escuelas secundarias de La Matanza se encuentran en una situación crítica, abocados a "apagar incendios" que van más allá de la enseñanza. Se enfrentan a necesidades básicas de los alumnos, como hambre y problemas de salud mental, además de situaciones de violencia.
Los educadores actúan como un refugio para los jóvenes, brindando contención y apoyo que a menudo no reciben en sus hogares. La falta de recursos y la complejidad de los problemas sociales demandan un rol de "bomberos" por parte de los docentes.