El uso de robots humanoides como monjes budistas en Corea del Sur genera debate sobre su propósito. Mientras algunos lo ven como un ejercicio de marketing, otros cuestionan la falta de espiritualidad y emocionalidad en estas figuras. Se compara con otros robots humanoides utilizados en tareas de servicio público, como en estaciones de trenes o limpieza.
La discusión se centra en si estos robots buscan mejorar la calidad de vida o si representan una falta de respeto a las tradiciones. La línea entre la utilidad tecnológica y la apropiación cultural se vuelve difusa.