Recrudece la crisis política en Bolivia tras las elecciones. Se reportaron al menos seis muertos y treinta heridos, y se denuncia el uso y abuso de las Fuerzas Armadas, calificado como delito de lesa humanidad.
El clima ya era tenso meses antes de la elección, con amenazas de muerte a Evo Morales y un ambiente enrarecido que gestó resistencia. Morales se presentó a su candidatura movilizado, anticipando impedimentos para participar.
Las decisiones del gobierno actual, calificadas como "espantosas", habrían alimentado el descontento popular. El conflicto se inició en La Paz por cuestiones sectoriales, pero se extendió a Cochabamba, Potosí y Santa Cruz de la Sierra, sumándose pedidos de renuncia a Paz Pereira.
Se insta a la pacificación del país, aunque difieren los datos sobre el número de fallecidos. Periodistas también resultaron heridos durante las manifestaciones.