El plan de reunificación de Chipre, propuesto por el entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, fue apoyado por Turquía con la esperanza de facilitar su adhesión a la Unión Europea. Los turcochipriotas lo aprobaron en referéndum, pero los grecochipriotas lo rechazaron contundentemente por considerar que hacía demasiadas concesiones, como permitir la permanencia de tropas turcas.
El rechazo grecochipriota sigue siendo una herida abierta, mientras que Turquía, bajo el liderazgo de Erdogan, ha redoblado su apuesta por una solución de dos estados, incrementando su influencia en el norte de Chipre. Recientemente, se eligió un presidente norcoreano partidario de la reunificación, y los líderes de ambas partes se han reunido, con la ONU estudiando la posibilidad de reanudar conversaciones.
A pesar de los fracasos pasados, existe esperanza de unificación, aunque la situación es compleja. El ataque a una base británica en Chipre evidencia las tensiones latentes. Grecia ha desplegado aviones F-16 y otros países europeos han enviado buques de guerra, mientras EE.UU. utiliza la isla como centro logístico. Turquía ha respondido con sus propios F-16 y sistemas de defensa aérea.
La Unión Europea condiciona el avance en las negociaciones a la mejora de las relaciones con Turquía, que se siente en ventaja militar en un escenario de seguridad europea en transformación. La geopolítica regional ha complicado aún más la cuestión de Chipre, y el clima actual no favorece la paz, con problemas acumulándose y volviéndose más vitales.