El sermón aborda el concepto de "prosperidad del evangelio", contrastando la idea de enriquecimiento material con la importancia de la prosperidad espiritual. Se cita al apóstol Juan, quien ora por la prosperidad de Gallo en todas las cosas, incluyendo lo económico, pero enfatiza que la prioridad debe ser la búsqueda del reino de Dios y su justicia.
Se aclara que la voluntad de Dios es que prosperemos, pero no a costa de descuidar la espiritualidad. La prosperidad material debe ser un medio para ser generosos y apoyar la obra de Dios, no un fin en sí misma. Se menciona la importancia de dar ofrendas y ayudar a los necesitados, como lo hacían los misioneros y evangelistas mencionados.
Se explican diferentes formas de dar, como la limosna, destacando el caso de Cornelio, cuya generosidad y amor al prójimo fueron tomados en cuenta por Dios. Se enfatiza que la limosna debe hacerse con sinceridad y humildad, sin buscar la admiración de los demás, sino agradar a Dios.
Finalmente, se advierte sobre las motivaciones egoístas al realizar buenas obras, comparando con el caso de Ananías y Zafira, quienes mintieron para aparentar generosidad. Se insta a realizar obras de bien en silencio, sin esperar recompensa humana, buscando únicamente agradar al Señor.