La fe por sí sola no es suficiente para la salvación, sino que debe ir acompañada de obediencia a los mandamientos de Dios.
Se argumenta que varios pasajes bíblicos, como los que mencionan el arrepentimiento, el bautismo y la confesión pública de fe, demuestran que no es un solo requisito el que salva, sino la suma de todos ellos.
Incluso los demonios creen en Dios y Jesucristo, pero esto no los salva. De manera similar, algunos líderes religiosos de la época de Jesús creían en Él pero no lo confesaban públicamente por temor a ser expulsados de la sinagoga, lo que demuestra que la confesión es esencial.
La Biblia, en Santiago 2:24, afirma que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe. Las obras de la fe son la evidencia de la obediencia al Evangelio, y la fe sola no alcanza para ser salvos.