Se reiteró que el bautismo es un requisito esencial para la salvación y el perdón de los pecados, tal como lo indican las escrituras y el ejemplo del carcelero de Filipo y su familia, quienes se bautizaron a medianoche por urgencia.
Se explicó que la premura por bautizarse demuestra la importancia que le daban a la salvación y a la obediencia al Evangelio, contradiciendo la idea de que solo la fe es suficiente.
Se concluyó que el bautismo, junto con la fe, el arrepentimiento y la confesión, conforman un conjunto de requisitos para la salvación, y que la obediencia al Evangelio es fundamental para evitar la condenación eterna.