Se relata un suceso histórico de 1918 en la Unión Soviética, donde se realizó un "juicio a Dios" y se lo condenó a muerte, disparando simbólicamente al cielo en la Plaza Roja.
Se contrasta este acto con la idea de que Dios sigue presente entre nosotros, a pesar de los intentos por excluirlo de la vida y la sociedad.
Se reflexiona sobre la oración colecta que habla de la elevación de la humanidad junto a Dios y la invitación a vivir espiritualmente en el cielo, convirtiéndonos en ciudadanos celestiales con la misión de ser testigos del Evangelio en la realidad cotidiana.