El programa analiza la transformación de la economía global, pasando de un modelo de alta interdependencia a uno de fragmentación geoeconómica, donde las relaciones comerciales y de inversión se rigen más por factores políticos que económicos.
Se discute si la globalización está en retroceso, pero los datos indican que el comercio mundial se mantiene estable, aunque reordenado. El informe de DHL y la Universidad de Nueva York señala un desacoplamiento entre Estados Unidos y China, y entre la Unión Europea y Rusia. Los países mantienen sus fronteras abiertas, pero han diversificado drásticamente sus proveedores y clientes.
Se identifican cuatro shocks principales que han impactado este modelo: la pandemia, la crisis energética tras la invasión rusa a Ucrania, la guerra arancelaria iniciada por Trump, y conflictos bélicos recientes en nodos comerciales clave. Estos eventos han llevado a estrategias como el re-shoring (fabricar en el propio país) y el friend-shoring (cambiar a proveedores más amigables).
La invasión de Ucrania por parte de Rusia y la consiguiente reducción de la dependencia europea del gas ruso (del 45% al 12%) ejemplifican esta reconfiguración. La Unión Europea implementó el plan Repower EU para reemplazar el gas ruso, aunque a un costo energético mayor.
El conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán y su impacto en el estrecho de Ormuz, crucial para el transporte de petróleo y gas natural licuado, también se analiza como un factor de riesgo. A pesar de estos desafíos, el comercio internacional no decrece, sino que se reasigna. Países como México y Vietnam se benefician como "países conectores", recibiendo inversión estadounidense y capitales chinos.