El análisis examina la fragmentación geoeconómica como el nuevo paradigma del comercio internacional, donde las decisiones políticas priman sobre las económicas. A pesar de que el comercio mundial se mantiene en niveles agregados, existe un reordenamiento de rutas, proveedores y clientes.
Se destaca el informe del FMI que señala que el comercio de bienes y servicios se ha mantenido en torno al 60% del Producto Bruto Mundial. Sin embargo, se observa un desacoplamiento entre Estados Unidos y China, y entre la UE y Rusia, impulsado por factores como la pandemia, la crisis energética, guerras arancelarias y conflictos bélicos.
Los conceptos de re-shoring (fabricación en el país de origen) y friend-shoring (priorizar proveedores de países aliados) ganan relevancia. México y Vietnam emergen como "países conectores", beneficiándose de la inversión directa estadounidense y de capitales chinos, reconfigurando las cadenas de suministro.
El Chips Science Act de EE.UU. busca recuperar la fabricación de semiconductores, con inversiones significativas de Taiwan Semiconductor. Sin embargo, esta fragmentación comercial podría costar al mundo hasta el 7% del Producto Bruto Mundial a largo plazo, resultando en precios más altos para los consumidores finales.