La afirmación "Dormir siete horas es suficiente para tener un buen descanso" fue clasificada como un mito, o más bien un "depende". Si bien la recomendación general para adultos es de 7 a 9 horas, la calidad del sueño es tan importante como la cantidad.
Se explicó que factores como malestar digestivo, consumo de cafeína o un ritmo circadiano alterado pueden provocar despertares y un sueño no reparador, incluso si se duerme la cantidad de horas recomendada. Dormir de noche, en sincronía con el ritmo circadiano, es crucial para la reparación celular y la producción de melatonina, a diferencia de dormir de día.