En Bolivia, la calidad del combustible se ha convertido en el principal detonante de las protestas. Tras el sinceramiento de los precios y la eliminación de subsidios, los ciudadanos comenzaron a denunciar que la gasolina era de mala calidad, afectando los motores de los vehículos.
Se ha reportado que para aumentar el octanaje se ha añadido manganeso o goma a la gasolina, lo que genera carbonilla en los motores y provoca que no arranquen. El sector del transporte público ha sido uno de los primeros en denunciar esta situación, confirmada por mecánicos y estudios recientes.
El gobierno ha ofrecido diversas explicaciones, desde culpar a las empresas hasta señalar a una banda internacional. Sin embargo, la situación ha escalado, llevando a bloqueos y desabastecimiento en la ciudad de La Paz. La falta de combustible y alimentos, así como de insumos médicos, ha generado alarma en la población.
Las protestas, que comenzaron por la calidad del combustible, se han visto empañadas por actos de violencia y vandalismo, incluyendo el ingreso a edificios públicos y agresiones a guardias. Diversos actores políticos han solicitado al gobierno declarar estado de sitio localizado. El expresidente Evo Morales ha sido señalado por el gobierno como uno de los instigadores de la violencia, y existen órdenes de aprehensión contra varios dirigentes.